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EXPEDICION ATIKAMEKW: AUTENTICIDAD Y TRADICION

Atrás quedaron semanas de trepidante organización, preparativos y nervios.

Atrás quedaron también gélidos y soleados días de experiencias inolvidables recorriendo el inmenso territorio atikamekw, rodeados del calor sin igual de sus gentes.

Los objetivos de la Atikamekw Snowshoe Expedition se han cumplido con creces:

1. Explorar y aprender la forma tradicional atikamekw de desplazarse en invierno, su historia y cultura. Los indios atikamekw recorrieron durante siglos su vasto territorio haciendo uso de una tecnología sumamente eficaz, completamente proporcionada por la naturaleza y que les ha permitido, tanto vivir como sobrevivir, en un clima no siempre favorable. En verano, gracias a las impresionantes canoas fabricadas a mano con corteza de abedul. En invierno, gracias a diversos medios que hemos tenido la suerte de utilizar paratraditional equipment llevar a cabo esta travesía de aproximadamente 300 km : raquetas de nieve confeccionadas con madera e intestino de animal, manoplas y mocasines de piel de alce hechos a mano o tienda tradicional de lona tipo prospector calentada con estufa de leña.

Por otra parte, han sido sumamente enriquecedoras las variopintas aportaciones de nativos que se cruzaban en nuestro  camino y que compartían con nosotros su saber hacer, su historia y su cultura. Es el caso del chamán Roger Echaquan, su mujer francesa Françoise y sus cariñosas hijas. Con ellos compartimos la P1080202ceremonia de la pipa y una emotiva ronda de lo que ellos llaman “círculo de palabra” en la que los participantes de la expedición iban exponiendo las sensaciones, los pensamientos o las reflexiones que tenían lugar mientras caminaban. Los cazadores Julie Ottawa y Ryan Awashish, que deleitaron nuestros paladares con deliciosas piezas de caza y pesca. De ellos  aprendimos el increíble arte de la pesca Boiled breadcon red bajo la espesa capa de hielo del lago. El artesano Eugène Petiquay, maestro en trabajar la madera y la corteza de abedul que nos relató  los pormenores de su oficio. Y como no mencionar a la familia de Khalida, una de las jóvenes participantes, gracias a la cual, pudimos degustar la sabrosa gastronomía atikamekw.

2. Promover el ecoturismo sostenible en el territorio atikamekw. A través de un intenso trabajo de meses de promoción hemos querido fomentar el interés por este tipo de vidaP1070930
y cultura entre el mayor número posible de personas en los cinco continentes. Las reacciones positivas no se han hecho esperar y confiamos en que Turismo Manawan y el maravilloso equipo de guías de que disponen (Carl David Ottawa y Debbiy Flamand) pongan pronto en marcha los diversos proyectos que ya hay sobre la mesa.  

3. Inspirar a las personas para que salgan de nuevo a la naturaleza y (re)descubran la belleza de nuestro planeta. La expedición arrancó con cuatro miembros del poblado atikamekw Obejiwan, un pequeño enclave a unos 600 km al norte de Montreal. A medida que avanzábamos en dirección a la siguiente localidad, el interés por la expedición iba creciendo entre las comunidades atikamekw. Tanto es así que una vez alcanzado el poblado de Wemotaci, a mitad de camino, se nos unieron varias personas de las tres comunidades inspiradas por nuestra aventura. De cuatro pasamos a 14 miembros. fotogrupoLa dinámica de grupo cambió por completo. El ritmo se hizo más lento pero el calor humano más intenso. Muchos caminaban por primera vez y descubrían, también por primera vez, su propio territorio ancestral y sus propias tradiciones. Los primeros días fueron difíciles para la mayoría pero resultaba conmovedor el afán de superación, la camaradería entre los miembros del grupo y el orgullo una vez alcanzado el destino final: Manawan. Tampoco faltó la narración de historias y leyendas, tan tristes como alegres, de tiempos peores pero también de tiempos esperanzadores.  

4. Promover la organización no gubernamental Goodplanet, que fomenta el desarrollo y el uso sostenible de los recursos naturales y el desarrollo de proyectos solidarios de lucha contra el cambio climático. Su misión es sensibilizar y enseñar a los jóvenes a vivir de P1080007manera sostenible a través de numerosas actividades en colegios de Bélgica y Francia. Una de estas actividades gira en torno a diversas fotografías de su presidente, el conocido cineasta y fotógrafo francés Yann Arthus-Bertrand, que todos los colegios de Bélgica están utilizando como material didáctico y que fueron también enviadas a los colegios de las tres comunidades atikamekw (Obejiwan, Wemotaci y Manawan) con el mismo fin.

DE ESTA EXPEDICION ME QUEDO CON CUATRO COSAS:

1. El calor humano: desde el primer día me sentí como en casa entre los atikamekw. Quizás porque no era la primera vez que estaba con ellos pero conocimos a gran cantidad de personas que nos seguían entusiasmadas y que generosamente nos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones. Gentes que luchan por salir adelante en un entorno incierto, cada vez más lejos pero a la vez tan cerca del medio y de las tradiciones que les hicieron grandes.

2. El sentido del factor tiempo: este es un concepto que da para meses y años de escritura y discusión. A mi, personalmente, me fascina ver los diferentes significados culturales que se le da. En Occidente es la prisa la que marca el paso del tiempo. En las comunidades autóctonas el tiempo es mucho más lento. Al principio podía llegar a ser exasperante para nosotros pero una vez que entiendes y aceptas que donde tu ves “pera” ellos ven “manzana” todo fluye de manera natural. Dejas de vivir pendiente del reloj y permites que sean el sol, la luna y las estrellas las que marquen tu ritmo de vida. Como en realidad debería de ser.

3. La Naturaleza: en Canadá se disfruta de ella a la máxima potencia, es vasta, grandiosa y exuberante. En esa ocasión nos deleitamos con:

– el inmenso y helado embalse de Gouin que atravesamos durante los nueve primeros días, formado por diferentes lagos que se conectan entre sí por islas, bahías e irregulares penínsulas y que controla el caudal del río San Mauricio;

– el río y el lago Manawan que recorrimos durante la segunda etapa y cuya heladas aguas nos llevaron hasta el lago Kempt que baña las orillas de Manawan;

– los pinos, arces, serbales y abedules que custodian colinas y lagos;P1080206

– la rica fauna que prácticamente no se dejó ver a excepción de alguna perdiz y otras aves. Pero las numerosas huellas en la nieve dejaban constancia de su cercana presencia.

– Y como no,  el sol presente todos los días, la luna llena que iluminaba el lago mientras avanzábamos hacia la cabaña más próxima y una cantidad de estrellas nunca vista en el despejadísimo cielo alejado de la “civilizada” contaminación.

4. El silencio: a mucha gente le aterra. Para mi es imprescindible. Permite el reencuentro con uno mismo, la conexión con lo que te rodea, la presencia en el ahora. Me carga las pilas y me llena de paz. Durante muchos días caminamos sin más sonido que el de las raquetas hundiéndose en la nieve, las copas de los árboles mecidas por el viento, los valientes pajaritos en busca de comida. Y sin más compañía que la de nuestros propios pensamientos. Tiempo para pensar. ¡Qué valioso regalo!

5. El frío fue sin duda el gran protagonista, nuestro gran maestro y compañero infatigable. Con temperaturas de hasta 35° bajo cero, nuestra ocupación principal durante la marcha era regular la temperatura corporal para prevenir hipotermias. Las paradas para comer eran de cortísima duración. Llevábamos los abrigos a tope de objetos y viandas varios para evitar que se congelaran: una botella de agua, las baterías de las cámaras, el picknick en una bolsita colgada al cuello, el cacao para los labios, el bálsamo para cara y manos, las toallitas húmedas… En fin, que parecíamos luchadores de sumo con abrigo. Y entonces no puedes evitar preguntarte cómo hicieron estos pueblos para (sobre) vivir a través de los siglos y sin los medios de los que hoy disponemos. Y no puedo dejar de maravillarme al aprender sus técnicas, sus trucos, su arte, su fortaleza.

EL APRENDIZAJE 

Mucha gente nos pregunta el porqué de las expediciones, para qué someterse a fríos extremos y situaciones desconocidas en lugares remotos. Mi respuesta es siempre la misma: por el aprendizaje y en enriquecimiento personal. Sentado en tu sofá mirando la tele nunca jamás aprenderás algo, ni tampoco tomando el sol en la hamaca de cualquier playa  (¡ojo! que a mi me encanta el mar y tomar el sol, ¿¿eh??).

Es imprescindible salir de la zona de confort y darte cuenta de que:

  • puedes alcanzar mucho más de lo que realmente crees
  • hay muchas más maneras de ver y entender el mundo que la tuya propia
  • las Respuestas se encuentran en la Naturaleza y en ti mismo como parte de ella, no en google.

Resumiendo: No te quedes ahí y SAL a descubrir la belleza de nuestro planeta y las infinitas posibilidades que hay en ti.

Un abrazo,

Kiki

 

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